16 feb 2011

Brais Balado "Mi pijamada"

Cientos de plumas flotaron en la estancia, como harina que flota guiada por el azar, sobre las cabezas de los invitados. Comenzó la pelea. Karina arremetió con un embate de cincuenta por ciento algodón y cincuenta por ciento poliéster, en respuesta a los golpes asestados sobre su cuerpo. Raúl no respondió con prontitud y recibió un revés que lo dejó aturdido. Carlos seguía tendido en pijama de estampado vacuno, con una confusión tan grande que lanzaba golpes al aire. Hubo risas. De pronto Karina percibió algo que la desconcertó: una sonrisa que presagiaba algo funesto. Saúl sonreía. Pero no con la sonrisa de un juego inocente durante una pijamada. Todos se detuvieron minutos después. Todos menos Carlos que seguía peleando contra las plumas que inundaban el espacio. Cuando la pelea hubo acabado y todos tiraron sus armas de tela al piso, Saúl se abalanzó con la rabia de un perro agitado sobre Karina. Una gota de sangre voló un par de metros con la gracia de un hada de cuento. Carlos se levantó como pudo, corrió hacia la puerta y salió deprisa. Una bruma de plumas impedía ver con claridad. Las manos de Saúl, ensangrentadas, se precipitaban sobre el cuerpo de la pobre Karina. Las entrañas de Karina se despedían de su cuerpo y volaban en todas direcciones. Finalmente, Raúl se percató de lo que sucedía, se levantó lo más pronto que pudo, trató de acomodar sus pensamientos y dibujar su próximo movimiento, sabía que no podía hacer nada mientras Saúl siguiera despedazando el cuerpo de Karina. Entonces, pensó que esperaría sentado, sin hacer nada, inmóvil, hasta que su amigo se detuviera. Sería entonces cuando actuaría. Los minutos pasaron y se podía ver a Saúl más tranquilo, le faltaba el aliento, sin ánimo de continuar la matanza. Fue entonces cuando Raúl levantó los brazos en dirección a su amigo, y lo abrazó lo más fuerte que pudo. Con la solidez de un banco suizo. Los dos se detuvieron a pensar lo que había pasado. Escondieron el cuerpo, meditaron, e hicieron lo posible por no volver a pensar en aquel incidente, mientras se colocaban pijamas limpias, y se preparaban para dormir.

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